Durante los años en que la actividad portuaria chilena comenzaba a desarrolarse los medios de transporte de mercadería tenían vital importancia, Constitución y Curanipe tuvieron un papel protagónico en el desenvolvimiento de esta actividad, puesto que contaban con astilleros para la construcción de embarcaciones menores encargadas de transportar la mercadería de los barcos hacia el puerto; estas embarcaciones eran los Faluchos, los cuáles cumplieron un papel fundamental antes de que se estableciera la mecanización de los puertos.

La construcción de éstas embarcaciones era completamente artesanal, con madera de roble maulino que los mismos trabajadores de los astilleros sacaban de los cerros. A pesar de ser un trabajo manual, éste alcanzó un alto grado de especialización mediante el uso de plantillas exactas de cada pieza. Los faluchos medían alrededor de 18 metros de largo por 8 de alto y 8 de ancho. Su construcción demoraba tres meses.

El lanzamiento de los faluchos al agua era todo un acontecimiento donde el pueblo se reunía. La jornada duraba alrededor de dos días. Se necesitaba una yunta de cuatro bueyes, la cuál tiraba cables de acero que se amarraban a lo botes. Los faluchos se apoyaban en un suelo tableado de madera sobre polines de eucaliptus de cuarenta centimetros de diametro, los cuáles iban avanzando lentamente. Al llegar a la orilla, demoraban un día en introducirlos al mar. Al finalizar la botadura del falucho se organizaba una gran fiesta con todos los vecinos.

Un Falucho era navegado por cuatro personas: un capitan traído, generalmente, desde Constitución y cuatro tripulantes que trabajaban en los astilleros. La travesía era siempre una aventura, no se sabía como estaría el clima, si habría marejadas o temporales los que siempre hacía peligrar el viaje que duraba alrededor de doce días a Valparaíso, aunque el record fue de 36 horas con buen viento. Al llegar a puerto un remolcador de Valparaíso partía al encuentro del falucho arrástrandolo a la orilla. Una vez en tierra comenzaban los trueques, se cambiaban entre otras cosas, gallinas u objetos.
Desde 1927 a 1952 se construyeron 83 faluchos. Años más tarde, se mecanizaron los puertos y no se necesitó construir más los faluchos. El trabajo de los astilleros en curanipe terminó y la tradición de la construcción de los faluchos solo quedó en el recuerdo de los pobladores.
Los faluchos deajaron de existir, sin embargo, el trabajo y coraje de aquellos que los construyeron y navegaron; de aquellos pioneros que pavimentaron la creación de los puertos modernos nos permiten darnos cuenta hoy de su importancia, de su historia y tradición. Todo un legado que se hace necesario conocer para así confomar nuestra historia e identidad.